Instituto Presidente Errázuriz

"50 AÑOS Evangelizando Chile"

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Evangelio Día Viernes 15 Septiembre 2017

Santa Catalina Fieschi 

Leer el comentario del Evangelio por 
Beato Guerrico de Igny : «Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» 

Hebreos 5,7-9.

Hermanos: 
Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. 
Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. 
De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, 


Juan 19,25-27.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". 
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
4º sermón para la Asunción 

«Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa»

 

     Cuando Jesús se puso a recorrer pueblos y ciudades para anunciar la Buena Nueva (Mt 9,35), María le acompañó, inseparablemente unida a sus pasos, pendiente de sus labios desde que abría la boca para enseñar. Hasta tal punto que ni la tempestad de la persecución ni el horror del suplicio no consiguieron que dejara de acompañar a su Hijo, ni la enseñanza de su Maestro. «Junto a la cruz de Jesús, estaba María, su madre». Verdaderamente es madre la que no abandonó a su hijo ni tan sólo en los terrores de la muerte. ¿Cómo podía horrorizarse por la muerte, ella cuyo «amor era fuerte como la muerte» (Ct 8,6) e incluso más fuerte que la muerte? Sí, se mantenía de pie junto a la cruz de Jesús y el dolor de esta cruz le crucificaba su corazón; todas las llagas que veía herían al cuerpo de su Hijo eran otras tantas espadas que le laceraban su alma (Lc 2,35). Es justo pues, que allí fuera proclamada Madre y que un protector bien escogido fuera designado para cuidar de ella, porque es ahí, sobre todo, que se manifiesta el amor perfecto de la madre con respecto al Hijo y la verdadera humanidad que el Hijo había recibido de su madre... 

     Jesús «habiéndola amado, la amó hasta el fin» (Jn 13,1). No tan solo ha sido para ella el fin de su vida sino sus últimas palabras: por así decir, acabando de dictar su testamento, Jesús confió el  cuidado de su madre a su más querido heredero... Pedro, por su parte, recibió la Iglesia, y Juan, a María. Esta parte le era concedida a Juan como un signo del amor privilegiado del que fue objeto, pero también a causa de su castidad... Porque convenía que nadie más sino el discípulo amado de su Hijo, prestara este servicio a la madre del Señor... Y por esta disposición providencial, el futuro evangelista pudo conversar familiarmente de todo con aquella que lo sabía todo, ella que, desde el principio, había observado atentamente todo lo referente a su Hijo, y que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

Evangelio Día Jueves 14 Septiembre 2017

San José Gabriel del Rosario Brochero 

Leer el comentario del Evangelio por 
San Juan Crisóstomo : «Tanto amó Dios al mundo» 

Números 21,4b-9.

En el camino, el pueblo perdió la paciencia 
y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!". 
Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. 
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes". Moisés intercedió por el pueblo, 
y el Señor le dijo: "Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado". 
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado. 


Juan 3,13-17.

Jesús dijo a Nicodemo: 
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. 
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, 
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. 
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia 
Homilía sobre «Padre, si es posible» 

«Tanto amó Dios al mundo»

 

Es la cruz la que ha reconciliado a los hombres con Dios, que ha hecho de la tierra un cielo, que ha reunido a los hombres con los ángeles. Ella ha derribado la ciudadela de la muerte, destruido el poder del diablo, liberado a la tierra del error, puesto los cimientos de la Iglesia. La cruz es la voluntad dada al Padre, la gloria del Hijo, la exultación del Espíritu Santo... 

La cruz es más resplandeciente que el sol, porque, cuando el sol se oscurece, la cruz brilla (Mt 27,45); y el sol se oscurece, no en el sentido de quedar aniquilado, sino que es vencido por el resplandor de la cruz. La cruz ha hecho pedazos el acta de nuestra condena (Col 2,14), ha roto las cadenas de la muerte. La cruz es la manifestación del amor de Dios: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él». 

La cruz ha abierto el paraíso y ha introducido en él al malhechor (Lc 23,43) y ha llevado al Reino de los cielos al género humano abocado a la muerte.

Evangelio Día Miércoles 13 Septiembre 2017

Miércoles de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

San Juán Crisóstomo 

Leer el comentario del Evangelio por 
Beato Pablo VI: “Mirando a sus discípulos, Jesús dijo: ‘Dichosos los pobres, es para vosotros el Reino de Dios’” 

Pablo a los Colosenses 3,1-11.

Hermanos: 
Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. 
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. 
Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. 
Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria. 
Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. 
Estas cosas provocan la ira de Dios. 
Ustedes mismos se comportaban así en otro tiempo, viviendo desordenadamente. 
Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras. 
Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras 
y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. 
Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos. 


Lucas 6,20-26.

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! 
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! 
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! 
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! 
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! 
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! 
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

Beato Pablo VI, papa 1963-1978 
Exhortación apostólica “Sobre el gozo cristiano” 

“Mirando a sus discípulos, Jesús dijo: ‘Dichosos los pobres, es para vosotros el Reino de Dios’”

 

Es importante captar bien el secreto del gozo insondable que es propio de Jesús y del cual está lleno...  Si Jesús irradia una tal paz, una tal seguridad, una tal alegría, una tal disponibilidad, es por el amor inefable que siente al ser amado por su Padre. En el momento de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el primer instante de su encarnación, se manifestó: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto” (Lc 3,22). Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús. Es una presencia que jamás le deja solo (Jn 16,32). Es un conocimiento íntimo que le llena: “El Padre me conoce y yo conozco al Padre” (Jn 10,15). Es un intercambio incesante y total: “Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío” (Jn 17,10)... “Tú me has amado antes de la fundación del mundo” (Jn 17,24). Hay ahí una relación incomunicable de amor que se confunde con la existencia de Hijo y que es el secreto de la vida trinitaria: en ella el Padre aparece como el que se da al Hijo sin reserva ni intermitencia, en un impulso de generosidad gozosa, y el Hijo, el que se da al Padre de la misma manera, con un impulso de gratitud gozosa, en el Espíritu Santo. 

Y he ahí que los discípulos y todos los que creen en Cristo, son llamados a participar de este gozo. Jesús quiere que tengan en ellos mismos su gozo y plenitud (Jn 17,13): “Les he dado a conocer tu Nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos” (Jn 17,26). 

Este gozo de permanecer en el amor de Dios comienza ya aquí abajo. Es el gozo del Reino de Dios. Pero se concede a lo largo de un camino escarpado, que pide una confianza total en el Padre y en el Hijo, y una preferencia por el Reino. El mensaje de Jesús promete, ante todo, el gozo, este gozo exigente; ¿no es este el que comienza con las Bienaventuranzas? “Dichosos los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque os alegraréis”.

Evangelio Día Martes 12 Septiembre 2017

Martes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Beato Pedro Cristóbal Faverge, San Francisco Ch‘oe Kyong-hwam 

Leer el comentario del Evangelio por 
San Ambrosio : “El pasa la noche orando a Dios” 

Pablo a los Colosenses 2,6-15.

Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han recibido, 
arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que les fue enseñada y dando gracias constantemente. 
No se dejen esclavizar por nadie con la vacuidad de una engañosa filosofía, inspirada en tradiciones puramente humanas y en los elementos del mundo, y no en Cristo. 
Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, 
y ustedes participan de esa plenitud de Cristo, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad. 
En él fueron circuncidados, no por mano de hombre, sino por una circuncisión que los despoja del cuerpo carnal, la circuncisión de Cristo. 
En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos. 
Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas nuestras faltas. 
El canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz. 
En cuanto a los Principados y a las Potestades, los despojó y los expuso públicamente a la burla, incorporándolos a su cortejo triunfal. 


Lucas 6,12-19.

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. 
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: 
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, 
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, 
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. 
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; 
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia 
Comentario sobre San Lucas 5,42s 

“El pasa la noche orando a Dios”

 

El Señor ora, no afín de implorar por él, sino de obtener por mí. Bien que el Padre ha puesto todas las cosas a disposición del Hijo, el Hijo por tanto, para realizar, plenamente su condición de hombre, juez a propósito para implorar al Padre por nosotros; pues él es nuestro abogado. No agudicéis oídos insidiosos, imaginando vosotros que es debilidad lo que Cristo pide, para obtener lo que no puede cumplir, al que es el autor de todo poder. Maestro en obediencia. Cristo nos forma por su ejemplo en los preceptos de la virtud: “Nosotros tenemos-él ha dicho-un abogado ante el Padre”(1Jn 2, 1). Si él es abogado, debe interponerse por mis pecados. No tanto como punto de debilidad sino por la bondad con que implora. ¿Queréis saber hasta qué punto él quiere eso, y puede? El es a la vez abogado y juez; en lo uno reside el oficio de compasión, en lo otro la insignia del poder. “El pasa la noche orando a Dios”. El os ha dado un ejemplo, una huella, un modelo a imitar. 

¿Qué es necesario hacer por nuestra salvación cuando Cristo pasa la noche en oración?¿Qué hace cada cual cuando queréis emprender un deber de piedad, cuando Cristo, en el momento de enviar a sus Apóstoles, ha orado y ha orado sólo? En ninguna parte, si yo no me engaño, se encuentra que él ha orado con los Apóstoles; por tanto él reza solo. Es que el gran designio de Dios no puede ser apoderarse de los deseos humanos, y que ninguno pueda tener parte en el pensamiento íntimo de Cristo. ¿Vosotros queréis saber las partes en que él, ha orado bien por mí y no por él? “El llama a sus discípulos y escoge a doce”para enviarlos, sembradores de la fe, a propagar el auxilio y la salvación a los hombres en todo el universo.

Evangelio Día lunes 11 Septiembre 2017

Lunes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

San Juan Gabriel Perboyre 

Leer el comentario del Evangelio por 
San Ambrosio : «Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho» 

Pablo a los Colosenses 1,24-29.2,1-3.

Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia. 
En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios, 
el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos. 
A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria. 
Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo. 
Por esta razón, me fatigo y lucho con la fuerza de Cristo que obra en mí poderosamente. 
Sí, quiero que sepan qué dura es la lucha que sostengo por ustedes, por los de Laodicea y por tantos otros que no me conocen personalmente. 
Mi deseo es que se sientan animados y que, unidos estrechamente en el amor, adquieran la plenitud de la inteligencia en toda su riqueza. Así conocerán el misterio de Dios, que es Cristo, 
en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. 


Lucas 6,6-11.

Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. 
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. 
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie. 
Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". 
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. 
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia 
Comentario al evangelio de Lucas, V, 39 

«Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho»

 

La mano que Adán había alargado para coger el fruto del árbol prohibido, el Señor la impregnó de la savia saludable de las buenas obras, a fin de que, secada por la falta, fuera curada por las buenas obras. En esta ocasión Jesús acusa a sus adversarios que, con su falsas interpretaciones, violaban los preceptos de la Ley; ellos defendían que en día de sábado era preciso no hacer ni tan sólo buenas obras, siendo así que la Ley, que prefiguraba en el presente lo que debía ser en el futuro, dice, ciertamente, que es el mal el que no debe trabajar, pero no el bien... 

Has oído las palabras del Señor: «Extiende el brazo». Este es el remedio para todos. Y tú que crees tener sana la mano, vigila la avaricia, vigila que el sacrilegio no la paralice. Extiéndela a menudo: extiéndela hacia el pobre que te suplica, extiéndela para ayudar al prójimo, para socorrer a la viuda, para arrancar de la injusticia al que ves sometido a una vejación inmerecida; extiéndela hacia Dios por tus pecados. Es de esta manera que se extiende la mano; es de esta manera que sana.

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